Cripto, bienes públicos e incentivos económicos

Bienes públicos

Por Santi Cristobal –

Hay muchas discusiones ideológicas acerca de cuánto deben intervenir los estados en el mercado. Algunos creen que lo mejor es que el estado no intervenga de ninguna manera, mientras que otros plantean la necesidad de una intervención absoluta. En el medio hay una amplia gama de grises.

Uno de los principales fundamentos para la intervención estatal es que los mercados no son perfectos, por el contrario presentan varias fallas. En la teoría económica se las conoce como fallas de mercado. Sí, no fueron muy creativos.

Una falla de mercado es una situación en donde la asignación de recursos por parte del mercado no es eficiente. Es decir, las fuerzas de oferta y demanda generan un resultado imperfecto. Hay muchísimos estudios sobre este tipo de situaciones que, en general, ocurren porque los incentivos (de la sociedad y de los actores económicos) no están alineados.

La capacidad de alinear correctamente los incentivos económicos es, sin lugar a dudas, una de las grandes ventajas de cripto. Me animo a decir que es incluso su principal razón de ser. Los incentivos económicos no solo son fundamentales para garantizar la seguridad y funcionamiento de la mayoría de los protocolos que conocemos y usamos, sino que son también un gran agregado de valor. Bitcoin logra que miles de computadoras cooperen en pos del mismo objetivo y a favor del sistema, simplemente porque tienen los mismos incentivos.

Mi esperanza es que la web3, en lugar de ser simplemente una reproducción más inmediata y abierta de los complejos mercados de derivados financieros existentes en la industria financiera tradicional, aporte soluciones concretas a las fallas de mercado que hoy generan grietas insalvables entre distintas corrientes ideológicas.

En esa línea, creo que hay una oportunidad enorme alrededor de los bienes públicos. Un bien público es un bien que se ofrece a toda la sociedad gratuitamente y que cumple con las siguientes características: no hay exclusividad y no hay rivalidad.

Características de los bienes públicos

No exclusividad significa que incluso quién no paga por el bien puede usarlo, pues no es posible excluir a alguien de su consumo. Si Mick Jagger no paga por una cerveza, no se la puede tomar. Pero es imposible impedir que Mick Jagger se beneficie del alumbrado público o de la seguridad que ofrece la policía de Londres.

No rivalidad significa que el consumo de un bien no afecta el consumo para el resto de la sociedad. Por ejemplo, el hecho de que Mick Jagger se beneficie del aire fresco de una plaza no impide que los Beatles también lo hagan.

Los bienes públicos están disponibles para toda la sociedad (no exclusividad) y su consumo no afecta al consumo de los demás (no rivalidad).

Algunos ejemplos de bienes públicos son: luces en las calles, parques que generan aire fresco, seguridad nacional, etc. Hay algunos bienes que son considerados bienes quasi-públicos, ya que su uso por parte de un ciudadano condiciona parcialmente el uso por parte de los demás. Por ejemplo, una autopista.

Educación y salud – bienes quasi-públicos

Educación y salud técnicamente no son bienes públicos porque existe un claro componente de rivalidad: una clase de primer grado tiene un máximo de alumnos. Es decir, que el hecho de que un niño vaya a la escuela reduce de forma concreta y medible las chances de que otro niño lo haga. Sin embargo, muchas veces se los clasifica como bienes cuasi públicos, ya que desde el punto de vista de los incentivos económicos suelen enfrentarse a problemas similares.

Veamos en detalle algunas de las ineficiencias que convierten a los bienes públicos y quasi-públicos en fallas de mercado.

Free-Rider: el “free rider problem” se da cuando alguien se beneficia de un bien que no pagó. Por ejemplo, las personas que no pagan impuestos igual se benefician de los alumbrados, las autopistas nacionales y la seguridad de su país.

Forced-Rider: en algunos casos, los miembros de la sociedad se ven obligados a pagar por bienes que no desean o que no consumirán. Es el caso de los adultos sin hijos que pagan impuestos para mantener escuelas públicas.

Ahora, es cierto que un padre sin hijos no se beneficia directamente de que haya educación primaria gratuita, pero también está claro que la educación primaria es un bien valioso para toda la sociedad, al igual que las plazas o las autopistas. A esto nos referimos cuando decimos que educación y salud comparten algunos problemas de incentivos con los bienes públicos: la falta de financiamiento.

Como no está claro quién se beneficia y quién no, o mejor dicho, cuánto se beneficia cada individuo, tampoco está claro quién debería financiar un bien público. Y lo que sucede cuando no está claro quién tiene que pagar, es que nadie paga.

El problema es que, si bien es evidente que un padre con hijos se beneficia más que un adulto sin hijos, tener un buen sistema educativo para los niños beneficia a toda la sociedad. Es por eso que, ante la falta de financiamiento, suele ser el estado quien se encarga de proveer el servicio. Y aquí es cuando entramos en cuestiones ideológicas.

Los defensores de las fuerzas de mercado abogan que el estado no es capaz de proveer bienes públicos de calidad de forma eficiente. Al no existir un precio, los recursos no se asignan en función de la oferta y demanda, sino en función de estimaciones alejadas de la verdadera valoración que cada individuo hace del servicio. Por otro lado, los defensores de la intervención estatal afirman que algunos bienes y servicios son demasiado importantes para dejarlos librados a fallas del mercado.

Podemos discutir este último punto durante horas, pero es mucho más divertido dejar la puerta abierta a ambas corrientes y que cada uno haga su propia interpretación del problema económico. De mi parte, solo espero que la tecnología nos ayude a construir modelos más eficientes que nos permitan ir más allá de este tipo de discusiones, y crear valor verdadero sin que nadie tenga que quedarse abajo del barco.

En ese sentido, veo en cripto una oportunidad enorme de crear nuevos modelos económicos que resuelvan la falta de financiamiento de los bienes públicos y otras ineficiencias de mercado que no mencioné en el artículo.

Una nueva forma de expresar valor

Me gusta entender el dinero como un lenguaje. Si alguna vez escucharon una charla de Andreas Antonopoulus seguramente entenderán a que me refiero. Creo que cripto expande el alcance de ese lenguaje y mejora exponencialmente nuestra capacidad de comunicar valor, llevándonos a un terreno nunca antes conocido. Es como si de repente se ampliase la gama de sonidos que podemos emitir y percibir. Como si de repente pudiésemos ver nuevos colores o espectros de energía que antes nos eran invisibles.

Hoy podemos asignar valor a cosas que antes eran imposibles de valuar y transferir ese valor a un costo insignificante. Los famosos “tokenomics” suelen asociarse injustamente a la especulación, las estafas y los proyectos insostenibles. Pero esconden una herramienta muy potente. Tienen el potencial de alinear a miles de personas alrededor del mundo en torno a un mito común, a un sentido compartido.

Estamos en una etapa de experimentación y es esperable que muchos proyectos mueran en el camino. Se trata nada más ni nada menos que del famoso proceso de creación destructiva schumepeteriana. Sin embargo cada nuevo experimento nos enseña un poco más acerca de lo que podemos hacer con este nuevo superpoder, con esta gran máquina de incentivos programables.